Hoy, no sólo es urbano todo lo que se construye dentro de los límites físicos que determinan la ciudad-lugar
a la que se refiere; la ciudad existe en la mente, en el imaginario, y su existencia real reside en el
sujeto que la vive por sobre el espacio donde se materializa su arquitectura. Se trata de una dialéctica
entre la ciudad física y la ciudad social, y en donde la corporización de las aspiraciones individuales en
forma de imágenes proyectadas de lo que deseamos del lugar que habitamos, posee una dimensión
material, comprensible desde el conocimiento racional, y una dimensión sensible, que en un tiempo provoca
y registra emociones inscriptas en la esfera de lo cotidiano y que necesariamente deben entenderse
desde lo significativo para avanzar en la concreción de esa ética de ciudad que impulsamos. |